Perseverar en las ideas, pero repensar la implementación

Las exportaciones agropecuarias, petroleras y mineras vienen experimentando una expansión pocas veces vistas y el superávit comercial es récord absoluto. Sin embargo, el nivel de actividad económica promedio está estancado desde el último trimestre del año pasado y la tasa de inflación se resiste a bajar del escalón del 2% mensual. Los ingresos reales de la población promedio no se recuperan y el humor social, que durante dos años acompañó con esperanza a las reformas económicas basadas en la disciplina fiscal y la libertad, se está transformando en desilusión y angustia.

La lucha política se está volviendo una batalla de recriminaciones sobre el pasado, sin que se desplieguen propuestas superadoras hacia el futuro capaces de abonar optimismo más allá de los sectores y regiones para los que se crearon incentivos especiales, muy diferentes a los que existen para el resto de la economía.

Cuando la discusión sobre la coyuntura se está concentrando en los vaivenes de los indicadores de actividad económica e inflación, y el presidente dedica sus discursos a explicar por qué los indicadores del INDEC desdibujan la realidad, yo prefiero dedicar mi tiempo a sugerir vías para avanzar tanto en materia de desinflación como de reactivación y crecimiento, sin abandonar la estrategia basada en la disciplina fiscal y la libertad económica.

 Por el lado positivo, el gobierno comenzó a tomar decisiones que venían demoradas en áreas como privatizaciones, concesión de obras públicas e infraestructura de transportes. Son decisiones bienvenidas que van a ayudar a la reactivación y al crecimiento.

Pero mejores medidas monetarias y de organización del mercado cambiario tendrían un efecto de lubricación de los engranajes que permitirán darle fluidez a estos estímulos reales.

Y sobre todo, el Presidente y su equipo económico deberían advertir que algunas interpretaciones operativas en materia  de secuencia y  consistencia temporal, tanto de la estrategia de discipline fiscal y monetaria como de la marcha hacia la Libertad económica, no tienen en cuenta evidencias empíricas extensamente documentadas por la economía positiva.

Remonetizar acumulando reservas propias

Gita Copinath y la mayoría de los analistas financieros, tanto del país como del exterior, sostienen que el Banco Central debería acumular más reservas. Aunque no lo digan expresamente, no entienden porqué el gobierno mantiene el cepo para las empresas.

Personalmente sostengo, desde hace mas de un año, que la eliminaciónn completa del cepo y la acumulación de reservas financiadasc on emisión monetaria, lejos de atentar contra la desinflación, ayudaría a consolidar expectativas de estabilidad en un contexto de mejoras en el nivel de actividad económica en los sectores que muestran signos de estancamiento o retroceso.

La acumulación de reservas ayudaría a bajar la tasa de riesgo país y la emisión monetaria a bajar la tasa de interés en pesos y ambos movimientos alentarían el aumento del consumo y la inversión en los sectores y regiones en los que no se sienten aún los efectos de las inversions del RIGI. Dado que existe mucha capacidad instalada sub-utilizada, el efecto sobre los precios de esta reactivación del consumo y de la inversion no debería ser significativo.

Las expectativas, tanto de estabilidad como de reactivación y crecimiento mejorarían, porque tenderían a atenuarse las dudas que en los últimos meses han comenzado a aparecer sobre la continuidad de la propuesta económica basada en la disciplina fiscal y monetria y la libertad económica.

En la implementación de las ideas, tener en cuenta las evidencias empíricas de la economía positiva.

La ideología del Presidente Milei y de sus mas fieles seguidores, es muy clara y tiene fuerte apoyatura doctrinaria en la Escuela Austríaca. Pero hay aspectos de la economía positiva, que más allá de las ideologías, analiza el comportamiento de las economías en cada tiempo y espacio, que deben ser tenidos en cuenta para la implementación exitosa de las reformas económicas, incluidas las que se inspiran en la escuela austríaca.

Me parece relevante en este momento señalar dos ejemplos en esta materia. Uno referido a la disciplina fiscal y monetaria y otro a la Libertad económica.

Disciplina fiscal y monetaria

La disciplina fiscal es muy importante para la estabilidad y el crecimiento, pero no hay que confundir disciplina fiscal con déficit cero en todas las fases del ciclo económico. Si en circunstancias en la que se manifiestan tendencias recesivas que provocan caídas reales en la recaudación de impuestos, se persigue a ultranza el déficit cero, la consecuencia puede ser un agravamiento de la recesión y que el equilibrio fiscal se transforme en una quimera. A esta situación se la denomina política fiscal procíclica.

En realidad, la disciplina fiscal que ayuda a la estabilidad y el crecimiento es la que asegura que la deuda pública que sube en la fase descendente del ciclo económico, baje cuando el nivel de actividad económica se expande y permite generar superávit fiscal. Es más, consolidado el clima de estabilidad, la disciplina fiscal y monetaria conviene entenderse como el manejo de la deuda pública creciendo al ritmo del Ingreso Nacional, es decir manteniendo una proporción constante con el tamaño de la economía.

En circunstancias como las que se están viviendo hoy en nuestro país, si en el tránsito de aquí a las elecciones del año próximo, para evitar un clima recesivo se incurre en algún déficit fiscal y la deuda pública debe aumentar en forma moderada, eso no significará un retroceso en el plan de reformas económicas en las que está empeñado el gobierno.

Lo que debe evitarse en forma rigurosa es que el Banco Central tenga que emitir dinero para financiar al sector ´público. Cualquier déficit fiscal coyuntural originado en la fase descendente del ciclo económico debe, inexorablemente, financiarse con endeudamiento.

Libertad económica

Avanzar hacia una economía de mercados libres no debe circunscribirse sólo a los mercados de bienes y servicios no financieros. Por el contrario, el funcionamiento de mercados monetario, cambiario y financiero libres es aún más importante que la completa libertad en todos los otros mercados, porque cualquier traba en el proceso de canalización de los ahorros hacia el financiamiento de la inversión, perjudica la eficiente asignación de los recursos y restringe el crecimiento. Esto es particularmente importante cuando las reformas económicas requieren fuertes ajustes en la organización y la orientación de las actividades empresarias y desplazamiento de capital y de mano de obra de sectores que van a declinar hacia sectores que tendrán oportunidad de expandirse.

Buenas reglas de juego abonan expectativas positivas, intervenciones discresionales e impredecibles, sólo acentúan la incertidumbre y la desorientación.

“Para mí ortodoxo es ver la realidad y tratar de entender lo que va a funcionar”

En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190)

Bueno, además vamos a hacer una especie de pacto de lectura, como siempre hacemos con nuestra audiencia. Tengo una relación con Domingo de afecto de hace muchos años, más de 40 años, y siempre valoré muchísimo su capacidad intelectual y política. Hoy vamos a tener la posibilidad de tener un largo reportaje, de casi una hora de conversación. Han aparecido muchos reportajes suyos este último fin de semana donde usted marcaba que, mucho más importante que bajar la inflación de dos a uno o de uno a medio punto, es que el crecimiento de la Argentina pase de tres a seis u ocho. Me gustaría que compartiera con nuestra audiencia primero lo que estuvo diciendo en los medios últimamente y luego iremos agregando temas.

Para que se consolide un plan de estabilización y perdure en el tiempo, al igual que las reformas estructurales en general, es muy importante que produzca resultados que hagan que la gente se sienta plenamente satisfecha y apoye el plan con su voto y con su seguimiento. Lo que sostengo es que hasta ahora el gobierno ha logrado la baja de la inflación, y eso sin duda trae beneficios a mucha gente, pero quedan siempre los efectos recesivos que tienen todos los planes monetaristas de estabilización. En mi opinión, el gobierno tiene que atacar ese flanco. Para eso es fundamental que se creen condiciones para el financiamiento adecuado del sector privado: de todo tipo de empresas y también de las familias, con plazos y tasas de interés suficientemente bajas. Vengo dando algunas ideas que, lamentablemente, el gobierno no ha tomado en cuenta hasta ahora, pero que tienen que ver con lo que pensaba Javier Milei antes de la campaña electoral. Trato de enlazar mi propuesta con lo que era su discurso anterior para ver si puedo convencerlo de encarar estas soluciones y lograr no solo una reactivación, sino un crecimiento rápido de la economía. Eso es fundamental. Cuando me dicen si es posible, respondo: ¿cómo no va a ser posible? A los mil días del inicio del gobierno de Menem, cuando lanzamos la convertibilidad…

La convertibilidad se lanza en una fecha similar.

A los mil días y cuando faltaban ocho meses para las elecciones de medio término.

Exacto.

Conseguimos no solo bajar a menos del 1,5% mensual la inflación que venía del 20% mensual…

Una inflación mucho mayor que la que tomó Milei, obviamente.

Claro. No solo logramos la estabilización inmediata de la tasa de inflación, sino que el primer año hubo un crecimiento del 10% de la economía. Eso se debió a que el anuncio y la puesta en marcha de la Ley de Convertibilidad, junto con la total libertad para el movimiento de capitales y el funcionamiento del mercado cambiario, crearon mucho crédito interno y externo para el sector privado. Eso permitió mucha inversión, sumado al plan de privatizaciones y al aumento de productividad que enseguida se notaron en la economía. Creo que eso mismo lo podría lograr Milei si le prestara atención a la necesidad de organizar un sistema monetario, cambiario y financiero. Estas cosas requieren una explicación detallada…

Acá tenemos tiempo, explíquelas, lo escuchamos.

Justo en el reportaje que salió ayer en Clarín trato de explicarlo en detalle. Además, hace poco di una conferencia en la Academia Nacional de Ciencias Económicas donde me dediqué a hacer un raconto de cómo se relaciona la moneda con el crédito y con el crecimiento en muchas economías emergentes que han tenido esta experiencia. Hay una cuestión que es fundamental: cuando una economía ha estado dolarizada de hecho o de derecho en un alto porcentaje —porque la gente piensa y sigue pensando que el dólar la protege mejor que la moneda local contra la desvalorización—, el éxito de un plan de estabilización depende mucho de que se deje que el dólar funcione en la práctica como moneda de curso legal. Una de las primeras cosas que debería hacer el gobierno de Milei es declarar al dólar de curso legal y permitir que se puedan hacer todo tipo de transacciones, no solo de contado, sino también de mediano y largo plazo, e intermediación financiera del mismo tipo que la que se da con el peso. Además, el Banco Central tendría que acumular reservas con emisión monetaria. No le tiene que tener miedo a la emisión monetaria para comprar dólares y acumular reservas, aprovechando que los exportadores están obligados a venderle las divisas al Central. El solo hecho de que el Banco Central acumule reservas permite pensar que se va a poder cumplir con las obligaciones del exterior. Por otro lado, el gobierno tiene que comprar los dólares para el Tesoro para pagar los servicios de la deuda. Eso tendría un efecto muy beneficioso en términos de acelerar la caída del riesgo país y abrir acceso al mercado de capitales a tasas más razonables, lo cual es muy importante para el sector privado y para el propio sector público. Todo eso debería inducir a que renazca el crédito en pesos y en dólares para el sector privado a tasas razonables. Facilitaría el proceso de inversión y el aumento de la competitividad. Se habla mucho de que las empresas orientadas al mercado interno tienen que reconvertirse para poder exportar. Toda reconversión requiere inversión en capital de trabajo y en activos fijos, y eso solo se puede encarar a nivel de las pequeñas, medianas y grandes empresas si hay financiamiento. Sin financiamiento es muy difícil llevar adelante un plan de reestructuración empresarial.

Si no entiendo mal, Domingo, lo que usted dice es que el gobierno tendría que eliminar cualquier cepo, también para las personas jurídicas, y enviar una señal de certeza respecto de cuál va a ser la política cambiaria.

Así es. En materia cambiaria hay que dejar que se organice el mercado sin que el Banco Central esté en el centro. Los exportadores tendrían que poder vender las divisas en el mercado a quienes quieran y cuando quieran, y los importadores tendrían que ir a ese mercado a comprar las divisas, no a un mercado que maneja exclusivamente el Banco Central. ¿Participan el Banco Central y el gobierno en el mercado cambiario? Sí, pero el Banco Central solo para acumular reservas y el Tesoro para comprar con recursos propios las divisas que necesita para cumplir con sus pagos en el exterior. Esta organización va a dejar que el tipo de cambio vaya al nivel que tiene que ir. Algunos dicen que tiene que ser alto o bajo; no, el tipo de cambio tiene que ser de equilibrio en un mercado que funcione con libertad.

Si lo interpreto bien —y usted me corrige—, el gobierno no hace esto porque supone que le generaría algunos puntos más de inflación inicialmente. Tiene como único objetivo un porcentaje de inflación menor, mientras que usted señala que sería mejor aspirar durante un tiempo a un porcentaje un poquito mayor de inflación, pero a un crecimiento mucho mayor.

Yo no lo pondría en esos términos, porque un buen manejo monetario, cambiario y financiero, lejos de provocar una tasa de inflación mayor por algunos meses, ayuda a consolidar un ambiente de desinflación. Sobre todo porque removería del horizonte la expectativa de que, cuando se unifique y liberalice el mercado cambiario, habrá un salto en la cotización. No necesariamente ocurriría, y menos en un momento como este, donde hay abundancia de dólares comerciales provenientes de la exportación.

O sea que podría bajar la inflación.

Podría bajar por el efecto beneficioso del acceso al crédito externo a tasas normales de interés para el sector privado, y por el mayor financiamiento que encontrarían las empresas para reconvertirse dentro del sistema argentino, ya sea en pesos o en dólares.

¿Por qué no lo hace entonces? Si la promesa era terminar con la inflación, uno podría entender que priorice bajar la inflación a costa de retraer el crecimiento con un objetivo político en función de las elecciones. Pero si pudiera lograr las dos cosas juntas, ¿por qué no lo hace?

Creo que es por miedo. No sé si del propio Milei o del ministro de Economía. A lo mejor el mismo Milei tiene miedo de que los que quieren perjudicarlo se pongan de acuerdo para demandar muchos dólares, hacer subir de forma artificial el tipo de cambio y provocar en lo inmediato la sensación de que la inflación ya no baja o de que ha fracasado el plan de estabilidad. En mi opinión, ese temor es infundado. Primero, no hay que compararlo con lo que pasó el año anterior, cuando hubo un salto cambiario por mayor demanda de dólares debido a que habían dejado atrasar el tipo de cambio antes de ese episodio. Por ejemplo, cuando lanzamos el plan de convertibilidad, yo había dejado flotar libremente el tipo de cambio antes de estabilizarlo.

Pasó de 5 a 10, si no recuerdo mal.

Pasó de 5 a 10 y, sin embargo, después la inflación bajó rápidamente. O sea que no hay que tener ese temor; no se produciría ahora un salto cambiario desestabilizador. El año pasado, como se había atrasado el tipo de cambio, cuando empezó a subir la gente pensó que seguiría subiendo. Por otro lado, hubo un manejo muy arbitrario de la liquidez bancaria: se les ocurrió que las Leliq debían contabilizarse como pasivos del Tesoro, aunque el Banco Central siguiera pagando la tasa de interés. Eso hizo mucho ruido en el mercado y las tasas volaron, creando la sensación de un ataque al programa de estabilización. Para mí no era un ataque, sino la consecuencia de errores cometidos previamente. Después intervino Scott Bessent, tranquilizó las aguas y eso ayudó al gobierno a ganar la elección. Ahora, si primero dejan flotar libremente en un mercado totalmente libre con el manejo cambiario que describo, las expectativas a futuro van a ser favorables para consolidar la estabilidad. La idea de que se pueden poner de acuerdo para golpear al gobierno y hacer subir el dólar es infundada. Los especuladores normalmente apuestan en contra de algo que el gobierno no puede sostener en el tiempo. Cuando funciona un mercado enteramente libre, quien quiera desestabilizar tiene que enfrentarse con otros miembros del mercado que operan con distintas expectativas. Es un error tenerle tanto miedo a un ataque cambiario. El antídoto contra cualquier ataque es haber acumulado reservas. Si el gobierno acumula reservas y hace bajar el riesgo país, se reducen las chances de que alguien invierta dinero para tratar de voltear al gobierno vía un ataque a la moneda.

En los años 90 usted hacía gala de no ser ortodoxo, sino heterodoxo. Su plan de convertibilidad fue incluso en contra de las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional. Usted siempre rescató su capacidad de interpretar distintas corrientes de la economía adecuadas a cada momento. Al mismo tiempo, la convertibilidad fue inicialmente muy expansiva: el Producto Bruto creció un 10% el primer año. ¿Es posible que al ministro de Economía —al no ser economista sino financista— y al presidente —al hacer gala de su ortodoxia— les falten herramientas para complementar y producir crecimiento, y que la falta de desarrollo sea el resultado de esa carencia intelectual, cognitiva o de experiencia?

La cuestión de si uno es ortodoxo o no depende de la definición que se le dé a la ortodoxia. Por ejemplo, cuando el Fondo Monetario objetaba al principio el plan de convertibilidad, lo hacía porque yo había decidido llevar a cero las retenciones agropecuarias y eliminar restricciones a las importaciones, lo que significaba reducir ingresos por aranceles. Ellos calculaban cuánto se perdía de recaudación por esas dos medidas fiscales. Yo les decía que no se podía hacer ese cálculo sin ver el efecto recaudatorio global que tendría eliminar un impuesto que gravaba las exportaciones. Les dije: «Vuelvan a Washington, déjennos implementar el plan tal como lo tenemos pensado». Lo paradójico fue que en el primer trimestre la recaudación aumentó. Aumentó por algo que la ortodoxia decía que iba a jugar en contra: el efecto Olivera-Tanzi. El efecto Tanzi se utilizaba para explicar cómo la inflación erosionaba los recursos fiscales por la demora en la cobranza de impuestos. Yo pensé que si lográbamos estabilizar y bajar la inflación de inmediato, el efecto Tanzi jugaría al revés: como los recursos vendrían a la tasa de inflación del pasado, recibiríamos muchos más recursos. Y así fue.

Pero usted nunca fue dogmático, eso es lo que quiero remarcar.

En economía no se puede ser dogmático. No se puede decir, como sostiene ahora Milei —y antes no lo decía—, que la emisión monetaria es la causa única de la inflación y que bajando el ritmo de oferta monetaria la inflación va a desaparecer. Eso es una teoría cuantitativa ingenua. Milton Friedman no estaría de acuerdo con esa afirmación. Él hablaba del control de la cantidad de dinero en un período donde había habido una expansión exagerada. Pero después, tanto Friedman como sus seguidores —por ejemplo Bob Lucas, que obtuvo el Premio Nobel, o John Taylor, autor de la Taylor Rule— abrevaron en el monetarismo, pero con una gran dosis de realismo. Esa es la regla que tratan de seguir los bancos centrales de todo el mundo para el manejo monetario. Hay una inercia de la que tenemos que hablar. Es mucho más importante el análisis de la realidad del país donde se debe actuar que las doctrinas económicas en el aire. ¿Es ortodoxo adherir a ciertas ideas y aplicarlas inexorablemente de forma dogmática? No. Para mí, ser ortodoxo es mirar la realidad y entender qué va a funcionar para esa realidad. Una cosa son las doctrinas que se tratan de aplicar y otra es la instrumentación, que tiene que ver con la realidad de la economía.

Le pregunto por alguien a quien usted conoce, que ha sido columnista del diario Perfil y a quien estimo personalmente, pero conozco su dogmatismo: Federico Sturzenegger, a quien usted tuvo en su momento. ¿Puede haber un problema con Sturzenegger al decir que no hay que aflojar ni cambiar, ni ayudar artificialmente a la reactivación económica, quedando prisionero de sus propias doctrinas?

Él está abocado a la desregulación de la economía. Ir hacia una economía organizada sin ningún tipo de regulaciones sería muy bueno, y él está trabajando bien en tratar de desregular distintos sectores y distintos aspectos de la economía. Nosotros también avanzamos en desregulaciones.

Había convocado a Pablo Rojo, si no recuerdo mal, quien fue economista jefe de Perfil durante muchos años.

Así es. Él redactó ese famoso decreto de desregulación de 1991. La metodología que utilizaba era la que veníamos desarrollando en la Fundación Mediterránea: estudiar cada sector y región para desregularlo, determinando qué aspectos impedían la inversión eficiente y el aumento de la productividad para remover esos obstáculos. Sturzenegger aplica una metodología similar, aunque a mí me da la impresión de que lo hace sin tener tan en cuenta la realidad del sector o de la región sobre la que van a incidir esas regulaciones. El asunto es extender las desregulaciones al universo lo más rápidamente posible. Veo una cuestión clave: él no maneja las regulaciones referidas a temas monetarios, financieros y bancarios. Tampoco se va a poner a criticar cómo las manejan Milei y Caputo. Respeto mucho que Sturzenegger no opine ni actúe sobre áreas que no son de su competencia. Por otro lado, hay áreas que estoy seguro de que él quisiera desregular, pero donde existen lobbies muy poderosos que lo impiden. Eso lleva a que haya declaraciones sorprendentes de Milei en defensa de esos lobbies.

¿Cuáles son esas áreas, Domingo?

Tomemos el caso de Tierra del Fuego. Todo el mundo sabe que ahí ayudaría mucho una desregulación bien hecha que no perjudique a los trabajadores, ampliando las bases económicas de la isla, apuntalando la investigación y el turismo en un lugar tan lindo. Ahora que van a crear una base naval ahí, se crean oportunidades de empleo en actividades con proyección de futuro. Sería muy deseable remover las reglas tan diferentes que hay para la actividad industrial entre la isla y el resto del país.

Y la cuestión cambiaria, si no entiendo mal. Una de las formas de regular es ir al mercado cambiario.

Exacto. Una vez le pregunté a Sturzenegger cómo entendía Milei que fuera positivo dar todos los privilegios a las grandes empresas que invierten en minería mediante el RIGI. Él me dijo que se lo había preguntado a Milei y que le dio una respuesta satisfactoria: que en dos años todos los beneficios del RIGI los va a recibir la economía entera. No habrá un tratamiento diferencial, excepto en el mantenimiento de las reglas de juego a 20 años, algo entendible para quienes invierten capital a largo plazo. Pero el tratamiento impositivo y el cambiario lo van a tener todos en dos años. Mi sugerencia actual es que, por lo menos el tratamiento cambiario, que no tiene costo fiscal, se lo den desde ya a todos. De ahí mi insistencia en que eliminen el cepo a las empresas y las restricciones al movimiento de capitales. Que declaren definitivamente que la economía argentina va a tener un sistema cambiario donde los exportadores e importadores no estén obligados a operar a través del Banco Central, sino que funcione el mercado, extendiendo los beneficios del RIGI a toda la economía.

En economía se utiliza mucho la metáfora de la cocina: con los mismos ingredientes se puede hacer un plato horrible si se pone primero lo segundo y segundo lo primero. La secuencialidad es muy importante. Entiendo de sus palabras que lo primero que tendría que haberse ordenado, el punto cero, es el sistema cambiario.

Así es, el sistema monetario, cambiario y financiero. Porque, por ejemplo, un ingrediente esencial de esta transformación que yo estoy pregonando y que, en mi opinión, la podrían hacer muy rápido, es eliminar todos los gravámenes que encarecen el crédito. Doy un ejemplo que me tocó vivir y que era muy resistido por la Asociación Bancaria, que en ese momento la presidía Juan José Zanola: la eliminación de un 2% de aporte sobre la tasa activa que iba a la obra social bancaria. La eliminamos. Después se volvió a reintroducir, pero mientras yo estuve en el Ministerio de Economía eso se eliminó. Y así buscamos eliminar la Ley de Sellos con jurisdicción solo en la Capital Federal, porque en las provincias dependían de decisiones que tenían que tomar las administraciones provinciales. Pero también negociamos con las provincias una forma de aplicación de Ingresos Brutos que no generara un efecto cascada sobre la actividad económica. Es decir, queríamos que el crédito fluyera a los tomadores teniendo en cuenta la tasa de interés que tenían que cobrar los bancos, pero removiendo todos los impuestos que la encarecían. Ahora son muy altos esos impuestos y, por lo tanto, son una de las causas de que la tasa de interés sea tan alta; no es solo por el manejo monetario y cambiario, sino por el régimen impositivo. Entonces, una buena reforma monetaria, cambiaria y financiera debe contemplar también este tema tributario. Siempre se dice: «Bueno, pero si sacan los impuestos se agrega un problema fiscal». Mucho peor es el agravamiento del problema fiscal si las tasas de interés que tiene que pagar el propio Estado son exageradamente altas. Eso también es gasto público. Y mucho peor si ese sistema impositivo restringe la posibilidad de inversión del sector privado. Lo que se necesita es una preocupación, una toma de decisiones y una explicación. Es muy importante que todos los operadores económicos entiendan los cambios que se están produciendo y su efecto hacia el mediano y largo plazo. En ese sentido, Federico Sturzenegger explica bien cada uno de los cambios que quiere introducir y qué efectos deberían producir. Pero lo mismo hay que hacer en todo el ámbito monetario, cambiario y financiero del que estoy hablando.

Domingo, usted acaba de decir: «Cuando yo ya no hablaba con Milei, le pregunté a Sturzenegger…». ¿Qué pasó que dejó de hablar con Milei?

Se enojó conmigo porque yo, desde el vamos de su gobierno y por obligación profesional —era lo que le enviaba a mis clientes de consultoría—, escribo un informe mensual. Siempre lo hice, no con un sentido de crítica, sino de sugerencias sobre lo que el gobierno podía hacer mejor para obtener mejores resultados. A mí nunca me gustó que controlaran el tipo de cambio para bajar la inflación. Me dicen: «Pero usted controló el tipo de cambio con el uno a uno y ahora se opone a que el gobierno maneje el tipo de cambio». Yo dispuse que la moneda argentina estuviera respaldada en dólares, pero con total libertad para comprar, vender o mover capitales con el exterior.

Usted señala que una cosa es que el cambio sea fijo y otra es que haya libertad de cambio. Usted tenía cambio fijo, pero con libertad de cambio.

Así es. Y además, eventualmente, se podría haber avanzado hacia la libre flotación cuando fuera oportuno. Pero el control de cambio que hicieron y el manejo cambiario para bajar la inflación, junto con la eliminación del déficit fiscal —que era ineludible hacerlo—, fue provocando un atraso cambiario. Cada vez que se provoca un atraso cambiario, después se corre el riesgo de que haya un salto devaluatorio y que desconcierte a todo el mundo. Por eso, a lo largo del año 2024 tenían que bajar el déficit fiscal y tratar de estabilizar, pero sin dejar atrasar el tipo de cambio. Yo sugería que controlaran nada más que el tipo de cambio comercial por un tiempo y dejaran un mercado totalmente libre para todo otro tipo de transacciones, de tal manera que eventualmente se fueran unificando. Un plan de estabilización debía lanzarse formalmente, con una meta de inflación realmente baja, cuando se hubieran acumulado suficientes reservas como para comprometer una política cambiaria definida y cuando se hubiera logrado liberalizar totalmente el mercado cambiario. Yo indicaba una fecha que era fines del año 2024. Obviamente, si se hacía lo que yo pregonaba, la tasa de inflación en el 2024 no hubiera bajado tanto como bajó, pero el país hubiera estado preparado a principios del 2025 para implementar un verdadero plan de estabilización que produjera no solo una caída de la tasa de inflación, sino una reactivación y crecimiento de la economía. Eso es lo que yo venía diciendo, y lo habíamos discutido incluso con Luis Caputo antes de que él se hiciera cargo. Yo le sugerí a Joaquín Cottani, que había sido un gran colaborador mío y es una persona muy capaz, que fuera el viceministro de Economía para implementar una solución de esa naturaleza. Pero, por razones que no entiendo —no sé si fue el propio Milei o Caputo—, tomaron otro curso. En aras de producir una baja drástica de la inflación ya en el año 2024, no trepidaron en utilizar el tipo de cambio y mantener los controles; no liberalizaron ninguna parte del mercado cambiario.

Las personas físicas a partir del 2025…

Sí, pero en 2024 ninguna. Creo que la sorpresa que tuvieron en el 2025, que desconcertó al propio gobierno y lo obligó a buscar el apoyo de Scott Bessent y Donald Trump, tuvo que ver con lo que había pasado hasta ese momento.

Usted contó que…

Milei se enojó conmigo. Me mandaba a decir que yo estaba equivocado y se quejaba de que lo criticaba. Yo le mandaba mis informes y le decía: «Mirá, esto no es para criticar, es una sugerencia». Pero un día me escribió un mensaje de WhatsApp diciendo que rompíamos relaciones, que me bloqueaba y que yo era un ingrato porque él me había apoyado mucho ante la opinión pública cuando yo estaba desprestigiado, y que le estaba siendo desleal. Creo que estaba equivocado, pero bueno. A partir de ahí seguí con la misma actitud de hacer sugerencias constructivas, pero ya no tuve diálogo con él. Sé que sus colaboradores leen las cosas que escribo y espero que escuche. No sé si escuchará.

Usted contó también en el reportaje de Clarín que Milei le escribía a su hija…

Nono, mandaba a colegas de mi hija a decirle: «Mirá, tu papá está criticando al gobierno». Mi hija no podía hacer nada. Después, cuando se enojó conmigo, la sacaron. No sé si él o por sugerencia de Guillermo Francos, pero la habían nombrado embajadora y ella estaba haciendo una muy buena tarea, porque los hijos no tienen nada que ver con los padres. Hay muchos aspectos de la personalidad de Javier Milei que a mucha gente le chocan, y a mí también. Pero bueno, déjeme ir por otro lado.

Usted conoce la convertibilidad; luego de que el primer año la economía creciera un 10%, hablábamos al principio de su heterodoxia. Ayer en Marcos Juárez ganó el peronismo unido, todo el peronismo cordobés con el peronismo no cordobesista. ¿Cuánto hay de peronismo en usted?

Yo nunca fui peronista. Incluso cuando José Manuel de la Sota me llamó para que fuera candidato a diputado…

¿Por algo lo llamó?

Porque él veía el trabajo que hacíamos a través de la Fundación Mediterránea.

¿Y por algo lo llamó Carlos Menem?

Sí, pero le dije: «Mirá, yo no soy peronista». Además, no comparto muchas cosas del peronismo, y mucho menos la política económica que surge de las veinte verdades peronistas. De la Sota me dijo: «No, justamente quiero que tengas la oportunidad de ayudar al peronismo a modernizar su pensamiento». Le respondí que la gente de mi equipo en la fundación y los empresarios —salvo Astori— eran partidarios del radicalismo y de Eduardo Angeloz. Me ponía en una situación incómoda ser candidato del peronismo, así que le sugerí: «¿Por qué no lo ponés a Juan Schiaretti?». Schiaretti había sido discípulo mío en la universidad y se había tenido que ir porque se había metido en el peronismo en épocas bravas; se fue a vivir a Brasil. Mario Astori, que era peronista y un empresario muy bueno de Córdoba, presidía la fundación, pero no le tenía mucha confianza a De la Sota. Le dije: «Traigamos a Schiaretti, que está trabajando en la FIAT en Belo Horizonte. Es un peronista con experiencia en una empresa como la FIAT». Lo contrataron y lo trajeron a Córdoba. Ya llevaba dos o tres años trabajando con Astori y asistía a las reuniones técnicas de la Fundación Mediterránea. Le dije a De la Sota: «¿Por qué no lo nombrás a Schiaretti?».

O sea, usted es el creador de la continuidad entre Schiaretti y De la Sota.

En ese momento, como Schiaretti había sido un dirigente estudiantil mucho más batallador que el propio De la Sota, vio un competidor potencial y me dijo: «No, quiero que seas vos». Acepté por una razón. Un día Cristiano Rattazzi me llama y me dice que Giovanni Agnelli, junto con el ministro de Trabajo italiano, Gianni De Michelis —que era presidente del Aspen Institute Italia—, organizaba una reunión con dirigentes latinoamericanos e italianos para discutir temas económicos y políticos. Voy a Italia y justo había terminado de escribir Volver a crecer. Mencioné un eslogan que le había tomado al padre de Adolfo Sturzenegger: que había que organizar la economía no como una opción puramente capitalista o socialista, sino entendiendo que las economías tienen un área pública y otra privada capitalista. Pero no podía haber un socialismo sin plan ni un capitalismo sin mercado y sin competencia. Teníamos la peor combinación del sistema. Expliqué eso en mi presentación y después le tocó hablar a un dirigente italiano mayor, pelado, que empezó a elogiar lo que dije. Le pregunté al amigo italiano que tenía al lado quién era y me dijo: «Es el ministro de Relaciones Exteriores en la sombra del Partido Comunista Italiano». Le pregunté cómo podía ser y me dijo: «El comunismo italiano está cambiando totalmente de enfoque. Yo soy diputado por el comunismo».

Entonces usted podía hacerlo por el peronismo.

Claro. Pensé: si el comunismo italiano está cambiando su enfoque sobre temas económicos, a lo mejor puedo ayudar a que el peronismo también los cambie en la Argentina. Entre paréntesis, aquel dirigente italiano después llegó a ser presidente de Italia.

Entonces usted es el padre del cordobesismo, porque le recomienda Schiaretti a De la Sota y termina siendo el continuador.

Hay un montón de anécdotas alrededor del peronismo cordobés que me involucran. Cuando entro como diputado, Schiaretti viene como asesor a trabajar conmigo en la Cámara de Diputados. Después fue secretario de Industria y subsecretario de Asuntos Latinoamericanos en la Cancillería.

Lo que pasó en Marcos Juárez indica que el peronismo puede unirse alrededor de una postura de centro. ¿Hay algo en el cordobesismo que pueda ser el peronismo del futuro?

Bueno, no se si el peronismo del futuro pero un cordobesismo que pueda contribuir a nivel nacional. Si De la Sota no hubiera fallecido en aquel accidente, sería un candidato a presidente, porque tenía muchas virtudes políticas como Menem. Pero el caso de Schiaretti es muy interesante. En 1993, en una interna dentro de lo que hoy es el cordobesismo, hubo distintas corrientes: una liderada por De la Sota —que estaba de embajador en Brasil— y otra que presentaban como «el cavallismo dentro del peronismo», donde Schiaretti era el líder y ganó la interna. El jefe de la juventud que trabajaba con Schiaretti era Juez, o sea que todos vienen más o menos del mismo tronco, del cual quizás surja un peronismo de centro.

Nos están pidiendo entregar el programa. De aquí a dos meses lo vuelvo a entrevistar para continuar con estas historias del pasado que resuenan en el presente y en el futuro.

Creo que el cordobesismo puede jugar un rol importante hacia adelante, como un movimiento que tiene ingredientes peronistas, pero también otros componentes.

Muchísimas gracias, fue un gran placer conversar con usted.

“Más importante que baje la inflación es que haya reactivación y la economía crezca no al 3% sino al 8%”

El ex ministro de Economía insiste en que el Gobierno libere el cepo y el mercado cambiario para dinamizar más la actividad y evitar riesgos de cara a las elecciones de 2027. «Milei tiene que recrear la esperanza de mejoramiento de la calidad de vida de las familias como hizo en 2023».

Por Ezequiel Burgo

-En 2023 vaticinó que ganara quien ganara habría un vuelco a la economía de mercado. Ganó Milei y eso sucedió, ¿este plan es irreversible después de 2027?

-No, hay un riesgo de reversibilidad. No es indiferente si gana Milei o alguien que comprometa la continuidad de las políticas de mercado, apertura y estabilización. Es cierto que aún si ganara alguien como Axel Kicillof las circunstancias lo obligarían a mantener el rumbo de una economía de mercado. Tendrán que pensar una economía con equilibrio fiscal o cercano a él, una economía más abierta y menos intervencionismo dados los compromisos de deuda. Pero la tentación populista de cierto peronismo estará presente y puede llevar a que Argentina desbarranque otra vez.

–¿A qué lo atribuye?

-La gente puede estar desilusionada de la economía de libre mercado, con equilibrio fiscal y eso es lo que yo veo que incluso del propio espacio de Milei le advierten al Presidente de que se necesita que la economía llegue a la gente y que sea en beneficio de ella.

-¿Tiene que volcar más plata a la calle?

-No hay que confundir con un ‘plan platita’. Milei parte del supuesto de que cae la inflación y la gente percibirá que eso la beneficia. Y está bien pensar así. Pero que haya recesión en ciertas áreas de la economía y pocas perspectivas de mejoramiento en el empleo y los ingresos de las personas, las hace sentir mal. Por eso el riesgo de reversión de las políticas es mayor en la medida en que el plan no produzca una sensación de más bienestar entre la gente que votó a Milei, que son no solo los que están ideológicamente muy convencidos con él sino que bién lo acompañaron por una esperanza de que él les iba a mejorar mucho la situación.

-¿O sea que Milei depende de Milei?

-Milei entendió y actuó bien en los temas fiscales. Pero es como si se hubiera olvidado de un capítulo que le puso mucho énfasis durante la campaña electoral de 2023, la organización de un sistema monetario, cambiario, financiero capaz de proyectar la estabilidad y al mismo tiempo lograr la recuperación lo más rápido posible del nivel de actividad económica y abrir perspectivas de crecimiento sostenido a largo plazo. El RIGI a las grandes inversiones les asegura disponer de dólares libremente, que no van a tener ningún tipo de restricciones. Pero esa misma ventaja o libertad se la están negando al resto de la economía.

-¿Usted dice que el RIGI actúa como parche de reformas financieras pendientes?

-El RIGI confundió a Milei. Dar exenciones impositivas a algunos sectores, privilegios cambiarios y tratamientos muy especiales es una típica política industrial. Es algo que han propuesto los grandes inversores y me parece bien darles la seguridad de que las políticas se van a mantener. Pero tener que dar incentivos fiscales en sectores donde tenemos ventajas comparativas eso va en contra de las ideas que tenía Milei.

-¿La apertura qué efectos cree usted le dejará a la economía?

-La inversión es imprescindible para el aumento de la productividad y para que las empresas que estaban muy orientadas al mercado interno y vendían caro, tengan la oportunidad de orientarse al mercado del exterior, reconvertirse. Para eso se necesita financiamiento, sin él la reconversión se hace imposible. El ingrediente que falta es la organización de un sistema monetario, cambiario y financiero que genere fuentes de financiamiento para todos los sectores de la economía, incluso para los consumidores. No entiendo por qué no han avanzado en el Congreso en limpiar de los impuestos a las tasas de interés y a los préstamos. Imagínense en este momento alguien que va a tomar un crédito para reconvertir su empresa, sostener el funcionamiento de su taller, resulta que al banco le tienen que pagar un monto x pero el costo financiero es eso mismo multiplicado por dos por la incidencia del IVA, de ingresos brutos, sellos y todo.

-O sea que a usted lo que le preocupa es que no se vean los beneficios del esfuerzo de estos años y, ergo, crezca el riesgo de un nuevo péndulo tras 2027

-Exacto. El crecimiento ocurre primero en forma de reactivación de demanda, la gente visualiza que las cosas van a mejorar y se anima a llevar adelante sus inversiones familiares. En la medida en que hay mejores expectativas de crecimiento, las empresas que enfrentan problemas como usted preguntaba recién, dicen “bueno, es cuestión de aguantar y transformarnos en la dirección que nos ofrece las nuevas reglas”. Pero tienen que poder hacerlo y eso es lo que sostengo que le falta a Milei.

-¿Esto mejoraría la suba de la mora en el crédito? El Banco Central habló esta semana de que las tasas son altas.

-Eliminando las restricciones al movimiento de capitales bajará el riesgo país y el costo del financiamiento externo. El financiamiento externo compite con el financiamiento interno y le pone un techo a la tasa de interés que cobran los bancos. Si se limpia de impuestos el sistema de préstamos y de intermediación financiera se beneficiaría al tomador del préstamo, no el banco.

-¿Qué país , imagina, dejará Milei en 2027?

-Muchos creen que habrá menos pobres, pero salarios más bajos.-Podríamos ser Australia o Canadá. Es lo que yo siempre tuve en mente. Países ricos en recursos naturales pero bien organizados, administrados e insertados en la economía global.

-Pero no somos ricos

-Somos tremendamente ricos en recursos naturales…

-Pero hay que extraerlos…. ¿y los recursos humanos?

-Lo mismo. Tenemos muy buenos emprendedores, profesionales, trabajadores. Nuestros recursos humanos son valiosos aunque es cierto se deterioró la calidad de la educación y salud. Pero veo los estudiantes argentinos en el exterior que siempre se destacan o el nivel del periodismo en Argentina. Creo que hay recursos en este país, naturales y humanos. Lo que nos falta es organización en la economía y política. Por eso reivindico los principios de Juan Bautista Alberdi. Milei prometía avanzar en la organización de la economía. Tuvo mucho coraje en temas fiscales pero todavía hay mucho para hacer, en las provincias y a nivel nacional. No puede ser que los mayores ajustes se hagan en áreas como el PAMI o como áreas de discapacidad y ese tipo de cosas. Hay que buscar otras áreas, hacer recortes que no sean tan costosos.

-Usted critica al Gobierno por estas cosas y por el dólar…

-No lo critico por el manejo del dólar. Además, no hago críticas, hago sugerencias para implementar las ideas que pregonaba Milei en la campaña electoral. Incluso cuando dije que el tipo de cambio se estaba atrasando, que es lo que enojó a Milei, lo hice con los argumentos que él mismo hacía en su campaña electoral respecto del rol que debía jugar el dólar y el nivel que tenía el dólar con Sergio Massa como ministro de Economía. No sé por qué malinterpretó. Tuve varios intercambios por WhatsApp con él, porque él le decía a Guillermo Francos: “Mirá, tu amigo me está criticando”. Incluso le mandaban a decir a mi hija que estaba de embajadora ante la OEA “che, tu papá está criticando al Gobierno”. Absurdo, porque él me podría haber llamado y hablar conmigo sobre una idea de economía.

-Sigamos con la economía. En el Gobierno dicen ‘Cavallo nos critica por el dólar, pero él fijó el dólar para bajar la inflación y nosotros no’. ¿Qué tiene para decir?

-¡Pero por favor! Uno puede tener el dólar fijo o flotación pero eso no es lo importante. Lo que importa es que haya libre movimiento de capitales. En los 90 había total libertad. Por eso yo insisto mucho que lo que le falta al plan de estabilización de Milei es el libre movimiento de capitales para todos. Eliminar completamente el cepo, no solo para las personas humanas, también para las empresas y para los que invierten, para las pequeñas y medianas grandes empresas. Esto es lo que se necesita en este momento, lo que tendría que anunciar Milei ya mismo y explicar un plan monetario, cambiario y financiero. Insto a Horacio Liendo (N.E.: abogado, secretario de Legal y Técnica con Cavallo en la época de Carlos Menem, e ideólogo de la convertibilidad), que presentará un libro en octubre, a que lo publique pronto, porque él plantea lo que debería ser el marco normativo de un sistema bimonetario como en Perú o Uruguay y lo insinuaba Milei en campaña.

-El Gobierno le va a responder que su propuesta provocaría un salto en el dólar de cara a 2027

-Un temor infundado en un momento en que tenemos un superávit comercial enorme, excepcional de casi US$ 25.000 millones. El Gobierno tiene que buscar que el precio del dólar sea el que debe ser. No, ni alto ni bajo, sino el que dice el mercado en las circunstancias y con las políticas que el gobierno aplica. El Banco Central tendría que aprovechar la abundancia de dólares para comprar divisas y no tener miedo de emitir pesos. Esta teoría de que no hay que comprar reservas porque se emiten pesos, no tiene sentido cuando comprar reservas ayuda a que baje el riesgo país.

-¿Pero no le preocupa que el dólar llegue al techo de la banda haciendo esta reforma y de cara a un año electoral?

-No. Primero, creo no tiene sentido las bandas. Segundo, la libertad cambiaria, monetaria y financiera produciría muy buenos resultados y ayudaría al Gobierno a ganar en 2027.

-¿Qué va a pasar con la inflación?

– Creo seguirá bajando. Pero no tienen que ponerse como meta que la inflación desaparezca así por completo.

-¿El Gobierno cambió con la inflación? Ya no habla de que empezará con cero…

-Para mí más importante que cuanto de rápido baje la inflación es que haya reactivación del mercado interno y que el ritmo de crecimiento no sea 3% sino que Argentina crezca al 6%, 7% u 8%.

-También el dólar pasó los $ 1.500 y este año compraron casi US$ 15.000 millones. ¿Hicieron cambios?

-Tendrían que haber comprado mucho más reservas. Una cosa es comprar dólares en el mercado cuando todos están obligados a venderle al Banco Central. Pero hay dólares que harán falta para pagar los pasivos, parte de la acumulación de reservas es con endeudamiento del FMI e incluso el otorgamientos de préstamos en dólares para empresas que no generan divisas es un mecanismo para que se contabilice un aumento de reservas porque el banco que da el préstamo en dólares lo tiene que liquidar en pesos y deja las reservas en el Banco Central. Para decir que el país está comprando reservas, acumulando reservas, tiene que funcionar el mercado cambiario de la forma como describo. El Banco Central solamente tiene que comprar reservas para acumular y no tiene que tener miedo a emitir pesos para comprar esas reservas y el Tesoro tiene que comprar los dólares que necesita para para pagar los servicios de de la deuda, aquellos servicios que no logre refinanciar. Ahí sí se vería claramente y los tenedores de bonos percibirían que funciona un sistema que funciona dando seguridades a futuro de que Argentina va a cumplir con sus obligaciones y además va a tener un activo en dólares que va a poder utilizar para situaciones de emergencia. Eso hará que el riesgo país baje. La baja del riesgo país es muy, muy importante. Por supuesto que lo que ya se ha logrado es bueno. ¿Pero cuál es la razón por la que, con todas las posibilidades futuras que crean estas inversiones que se anuncian, todavía tengamos un riesgo país de de 500 puntos?

-¿Cuál sería el impacto de lo que usted describe en la inflación?

-No creo que el impacto del tipo de cambio en la inflación sea muy alto a esta altura.

-¿Cómo ve el impacto de la economía global para la Argentina?

-Milei dependerá de que encare las cosas que todavía no han encarado y que ya hablamos, debería encararlas para reducir los riesgos de reversión de la política y consolidar las buenas políticas. Pero también depende de las circunstancias internacionales que creo son muy favorables. No son las que le tocó a Néstor Kirchner pero son muy buenas y mejores que las de Fernando de la Rúa.

-¿Cómo vio el anuncio de Malvinas?

-Es muy bueno que Javier Milei haya hecho un discurso que revierta la pérdida de imagen que le habían creado sus declaraciones anteriores donde ponían en duda si realmente se quería luchar con diplomacia para recuperar la soberanía y cuando criticó a los jugadores que desplegaron esa bandera en el Mundial. Revertir esa imagen de desentendimiento de la cuestión de soberanía de las Malvinas me parece apropiado. Ha puesto el tema de nuevo en la agenda. La oposición lo va a utilizar en contra de él diciendo pero esto no es lo que había dicho dos años atrás. Pero hay que dejar ese tipo de críticas y reconocer que Milei dio un paso con el cual la dirigencia no puede estar en desacuerdo en genera. Ahora, no creo que esto sea un sustituto para obtener buenos resultados de la elección de 2027 y para que las políticas de transformación no se reviertan por la falta de reactivación o de crecimiento de la economía.

-¿Qué espera del gobierno de Milei de acá a que termine?

-Yo le deseo a Milei que tenga éxito no por Milei mismo sino por el país es una oportunidad que tenemos de empezar a crecer sostenidamente, mejorar realmente la calidad de vida de la gente. Las ideas generales de Milei apuntan en esa dirección pero tiene que implementar las políticas de tal manera que los resultados de esas políticas sean el factor que va a evitar que se reviertan. Si la apreciación de la gente de los resultados no son buenos habrá más riesgos de que todo esto se revierta.

-Usted propone remover todo el cepo y que no habría impacto en la inflación. Pero los argentinos compraron 50% del M2 en 2027 y uno piensa en las encuestas si Cristina o Kicillof. ¿Puede haber otra corrida?

-No si hay libertad de entrada y salida en el mercado cambiario. A los especuladores les gusta especular en contra del Banco Central y si la autoridad monetaria se fija defender el tipo de cambio en determinado nivel vendiendo divisas que no tiene, los especuladores van a especular en contra de él. Pero si el Banco Central no asume ese compromiso, los especuladores tienen que especular entre ellos, será más difícil porque se pelearán entre ellos.

-¿En cuánto tiempo puede llegar la tasa de inflación a un dígito? Se habla muchas veces siete, diez años. ¿Es así?

-Se podría llegar más rápidamente. La idea de que se necesita mucho tiempo es la idea monetarista de que no hay que hacer ninguna otra cosa excepto controlar la cantidad de dinero. Entonces, toda la experiencia que hay detrás de la política monetarista de estabilización es que la reducción del ritmo de crecimiento de la cantidad de dinero controla el crecimiento de la demanda nominal. Al controlar la demanda nominal, eso le pone techo al aumento de los precios. Pero en una economía muy desequilibrada, muy desorganizada, el control de la demanda nominal puede provocar mucha recesión y desocupación. Yo escribí mi tesis sobre esto en Harvard. Se llama El efecto estan-inflacionario inicial de las políticas monetarista de estabilización, o sea, una política de estabilización no puede ser solamente de control de la cantidad de dinero y fijarse como meta que la cantidad de dinero no crezca a un determinado ritmo. Tiene que ser una política que esté acompañada de las reformas estructurales de la economía, que permitan que la economía vaya recibiendo inversiones para aumentar la productividad y la producción en todos los sectores y para acceder a mercados del exterior. Y esa eso es una política de estabilización con crecimiento. Dicen que eso es imposible pero nosotros lo logramos en los 90. Por supuesto que hubo crisis como el Tequila. Todos los países cuando tienen un shock externo o una recesión. E incluso los países pueden soportar crisis financiera aun cuando sean bien organizados y estables como EE.UU. en 2008.


Al toque
Un proyecto: escribir mis memorias para cuando cumpla 90 años.

Un sueño: ver crecer a mis bisnietos.

Un recuerdo: Un viaje a Italia con Sonia llevandola a mi Nona Francesca luego de 50 años de su emigracion hacia Argentina.

Un líder: Charles De Gaulle.

Un prócer: Domingo F. Sarmiento.

Una comida: Los risottos de mi abuela.

Una bebida: Cerveza sin alcohol.

Una persona que admira: F. H. Cardoso.

Un placer: Estar en familia, con Sonia, mis tres hijos y sus conyuges y mis siete nietos.

Una película: Un hombre y una mujer de C Lelocuhn.

Una serie: De chico veía El zorro.


Domingo Cavallo cumplió 80 años unos meses atrás. Conversó con Clarín durante algo más de un hora en sus oficinas de Tagle y Figueroa Alcorta. Solamente tomó agua y pidió que no le hicieron fotos mientras conversaba. Una vez que empezó, no paró

De buen humor, el ex ministro de Economía explicó los dos principales desafíos político del Presidente Javier Milei y de la oposición de cara a 2027. Para el líder de La Libertad Avanza, su principal tarea pasa por “recrear la esperanza de mejoramiento en la calidad de vida y en la situación económica de la familia argentina que había logrado crear en la campaña electoral de 2023”.

En el caso de la oposición, “el éxito de un gobierno más socialista que eventualmente suceda a Milei no dependerá de su ideología sino de la lectura y comprensión del momento que haga al asumir. Felipe González, un socialista español que abrevaba las ideas de Karl Marx, no era comunista pero era un socialista duro y cuando llegó al gobierno fue un estadista que entendió qué sucedía en el mundo en ese momento integrando a España a la UE y como una economía abierta. Lo mismo Fernando Henrique Cardoso en Brasil. Si alguien de la izquierda llegara a gobernar la Argentina en 2027 tendría que experimentar algún tipo de esta transformación”.

Cavallo fue ministro de Economía de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Pero también Canciller (Menem).

¿Y si el gobierno complementa la ortodoxia fiscal con ortodoxia monetaria?

Los recientes pronunciamientos profesionales de Federico Sturzenegger y Sebastián Galiani destacan y describen muy bien los logros del gobierno en materia económica. No son pocos.

Entre quienes apoyaron y siguen apoyando el rumbo económico y el cambio cultural que predicó Javier Milei desde la campaña electoral de 2023, existe mucha preocupación por la posibilidad de que los resultados electorales de 2027 provoquen no solo discontinuidad sino, reversión de los avances que se están logrando.

La ortodoxia fiscal, sintetizada en la reducción del gasto público, la eliminación del déficit y en que el Banco Central no emita dinero para el Tesoro, se ha transformado en un ingrediente central de la estrategia económica que predica el presidente. Y eso está muy bien.

Pero la ortodoxia monetaria, que en la campaña electoral pregonaba utilizando como símbolos comunicacionales la dolarización y la eliminación del Banco Central y, para los círculos profesionales, la Banca Simons, ha estado completamente ausente de la práctica de la política económica implementada hasta ahora.

Yo expliqué con insistencia, durante la campaña electoral y a lo largo de los últimos 32 meses, que aquellos símbolos comunicacionales, adaptados a la historia y a la herencia que el gobierno recibía en materia fiscal y monetaria, debían interpretarse como la organización de un sistema monetario, cambiario y financiero como el peruano y el uruguayo, en el que conviven, en competencia, la moneda nacional y el dólar, ambas con las mismas funciones y propiedades. A esto yo llamo “ortodoxia monetaria”.

Estoy convencido, que para que la campaña electoral de 2027 maximice las chances de continuidad, el gobierno debería acompañar, desde ya, la ortodoxia fiscal con un avance anunciado y bien planeado hacia la plena ortodoxia monetaria.

No confundir ortodoxia monetaria con control cuantitativo del dinero.

En la discusión entre Keynesianos y Miltonianos sobre las causas de la inflación en las economías avanzadas durante los 70s, se popularizó la idea de que la ortodoxia monetaria consistía en hacer crecer la cantidad de dinero a un ritmo constante que no excediera en más de un x % al ritmo de crecimiento potencial de la economía. En los círculos académicos se discutió, con altura, qué concepto de dinero debía controlarse (M0, M1, M2, etcétera) y si debía considerarse o no el distanciamiento entre el producto real y el producto potencial (es decir, el estado del ciclo económico), y finalmente se convergió a la denominada “Taylor rule” y al concepto de “inflation targeting”. Muy pocas economías avanzadas entienden que ortodoxia económica es controlar cuantitativamente la cantidad de dinero.

Mucho menos en las economías que por larga experiencia inflacionaria no cuentan con una moneda fiduciaria que inspire confianza. Si bien es muy claro que emitir dinero para financiar un déficit fiscal es seguramente inflacionario, no puede sostenerse que la emisión de dinero para acumular reservas que apuntalarán el crédito externo del país y ayudarán a crear confianza en la moneda local, vaya a complicar la lucha contra la inflación. La experiencia de la convertibilidad de los 90s desmiente categóricamente que la emisión asociada a la acumulación equivalente de reservas es inflacionaria.

Tampoco confundir ortodoxia monetaria con tipo de cambio fijo o reptante sostenido a través de controles de cambio

Así como Milton Friedman ejemplificaba con la regla del x % de expansión monetaria para asegurar estabilidad de precios en las economías avanzadas, sugería que para las pequeñas economías abiertas la mejor regla era el tipo de cambio fijo con una moneda patrón. Robert Mundell circunscribía esta recomendación a los miembros de una unión monetaria o a las economías que decidieran eliminar su moneda local y reemplazarla lisa y llanamente por la moneda patrón. Pero ninguno de los dos pensaba que para sostener el tipo de cambio fijo debían requerir controles de cambio permanentes.

Carecer de un sistema de reglas monetarias, cambiarias y financieras claras no puede considerarse ortodoxo

Las reglas no son claras cuando le permiten a la autoridad monetaria sorprender a los mercados con decisiones que los agentes económicos no pueden predecir y que solo acentúan la incertidumbre. Un ejemplo de la ausencia de reglas claras quedó evidenciado en el traumático reemplazo de las LELIQs por deuda del Tesoro y el sorprendente anuncio de que el Banco Central controlaría la base monetaria ampliada en septiembre de 2025.

¿Qué es la ortodoxia monetaria en el momento actual?

En mi presentación ante la Academia Nacional de Ciencias Económicas del 19 de agosto pasado describí y expliqué en detalle lo que en este momento sería un avance hacia la ortodoxia monetaria. No voy a repetir los argumentos y la propuesta aquí, pero puede ser leída en mi blog. Pero quiero destacar que la marcha hacia la ortodoxia monetaria requiere inexorablemente eliminar todo vestigio de cepo cambiario y permitir el libre movimiento de capitales entre nuestro país y el exterior.

En un reportaje muy bueno que La Nación publica en su edición de ayer, Gita Gopinath, ex economista jefe del FMI y actual profesora de Harvard, sostiene que es necesario que el gobierno acelere la acumulación de reservas y logre acceder al mercado internacional de capitales, algo con lo que yo coincido plenamente. Pero, sorprendentemente, habla de que la remoción del cepo a las empresas debe ser gradual y de que debe dejarse flotar el tipo de cambio para que el peso se vaya depreciando gradualmente.

En mi opinión, la mejor forma de que, hacia el futuro, tiendan a desaparecer las expectativas de un salto cambiario desestabilizador es que de una buena vez se deje flotar el tipo de cambio en un mercado verdaderamente libre y único de cambio, como se hizo entre diciembre de 1989 y marzo de 1991 antes de poner en marcha el plan de convertibilidad. Si no se hace ahora, es difícil que en el futuro se encuentre un momento en que el superávit comercial sea más alto que el actual y las condiciones externas sean más favorables.

El principal beneficio de la eliminación de los controles de cambio y el libre movimiento de capitales lo obtendrán los productores de bienes exportables y los prestadores de servicios porque podrán ver retribuidos sus esfuerzos productivos con el precio pleno que consigan por sus ventas en el exterior. Actualmente, el exportador, incluido el de servicios, tiene que vender sus divisas al precio del mercado oficial, manejado por el Banco Central (eufemísticamente denominado MULC, Mercado Único y Libre de Cambios, que no es único ni libre). Si luego desea transferir fondos al exterior, no lo puede hacer, o debe utilizar el mecanismo del contado con liquidación, incluso con restricciones temporarias al acceso al MULC para el pago de importaciones. Además, cualquier operación a través del contado con liquidación lo obliga a incurrir en costos transaccionales superiores al 2%, además de la diferencia en la cotización con la del mercado oficial.

Otro gran beneficio es que la eliminación de los controles y el libre movimiento de capitales contribuirían decisivamente a reducir el riesgo país. Esto permitiría que tanto el Tesoro como el sector privado accedieran al mercado internacional de capitales a tasas de interés más moderadas. También significaría que las tasas activas de interés en pesos tendrían un techo derivado de la competencia con el financiamiento externo, de la misma forma que la libre importación pone un techo a los precios internos de los bienes de producción local que compiten con las importaciones.

Hablando del costo del financiamiento interno y externo…

No puede soslayarse el grave inconveniente que significa el tratamiento impositivo de la tasa activa de interés. Además del margen que necesitan aplicar los bancos entre la tasa que cobran por sus préstamos y la que pagan a los depositantes, el IVA e Ingresos Brutos que se aplican sobre la tasa activa y, en algunos distritos, el impuesto de sellos, llegan a duplicar el costo financiero total para el deudor. No podrá existir un sistema financiero realmente funcional a una economía con capacidad para crecer si no se corrige urgentemente esta fuerte distorsión.

Camino a la Estabilidad

Mientras estaba revisando material para escribir este informe, encontré un video de la conferencia que pronuncié en la Escuela de Gobierno del Instituto Tecnológico de Monterrey en 2014, presentando mi libro Camino a la Estabilidad. Lo acababa de escribir para ayudar, con mi experiencia, al gobierno que asumiera en diciembre de 2015.

Se trataba de una propuesta para estabilizar la economía que estaba llegando a sufrir un 40% de inflación anual. Habiendo vuelto a escuchar mi presentación de entonces, llego a la conclusión de que aquella propuesta tiene hoy completa actualidad. Por eso los invito a ver el video. Es un poco largo, pero creo que vale la pena, porque al ser una clase para estudiantes de gobierno, la explicación es muy clara e instructiva.